Gloria Steinem: el legado de una activista que transformó la infraestructura editorial
Gloria Steinem ha fallecido a los 92 años, según ha confirmado Reuters este 3 de septiembre.

La noticia llega con un guiño biográfico que la propia activista había convertido en tesis: en una entrevista de 2015 en Fresh Air —recogida ahora por NPR— reconocía que, tras décadas de militancia, a los sesenta sintió de nuevo esa libertad perdida a los nueve. Ironía palmaria: morir tres décadas después de proclamar que el género había dejado de dictarle la agenda es, en sí mismo, un argumento que merece auditoría. Su muerte reabre el archivo entero del feminismo de segunda ola y nos obliga a preguntarnos cuánto de aquel impulso sigue vivo en las prácticas de lectura que aún enseñamos.
Construir el archivo antes de heredar el canon
Steinem no fue únicamente la cara más reconocible del feminismo estadounidense de la segunda mitad del siglo XX; fue, sobre todo, productora de infraestructuras textuales. En 1971 cofundó Ms., descrita por ella misma como la primera revista nacional escrita por y para mujeres, y ese mismo año participó en la creación del National Women's Political Caucus, plataforma que presionó por la Equal Rights Amendment y alentó la candidatura de mujeres a cargos públicos. Su diagnóstico sobre las redacciones convencionales —expuesto en Fresh Air— no ha perdido un ápice de vigencia: los medios existentes asumían que las mujeres solo podían escribir con autoridad sobre "comida, maquillaje, bebés y famosos". Fundar un contenedor editorial propio no respondía a una pulsión identitaria, sino a una operación de supervivencia discursiva.
La pregunta material es directa: ¿qué porcentaje de los planes de lectura universitarios en España incorpora los textos fundacionales de aquel feminismo? ¿Cuántas de nuestras antologías siguen repitiendo, sin advertirlo, el gesto censor que Steinem denunciaba?
Reescribir desde los nueve años
En su ensayo "This I Believe" de 2005, Steinem dejó una de las formulaciones más citadas de su trayectoria: en cada ser humano nace "a unique core self", resultado impredecible de milenios de herencia y entorno. La frase dialoga con otra observación suya, quizá la más repetida en estas horas: el género "desciende" sobre las niñas alrededor de los nueve o diez años, cercenando una independencia que el mundo toleraba hasta entonces. Releer a Steinem en 2026 exige pasar esa advertencia por el cedazo de la literatura que recomendamos, que regalamos y que silenciamos.
Porque su insistencia en los derechos reproductivos y contra la violencia de género —reiterada hasta sus últimas apariciones públicas, según NPR— no era un principio abstracto: era el reconocimiento crudo de que, sin control sobre el propio cuerpo, no hay sujeto posible que escriba ni lea en igualdad. "The definition of patriarchy is to be able to control reproduction", llegó a decir. La frase sigue siendo un manual de uso para cualquier taller literario que se proponga trabajar con perspectiva de género y no solo mencionarla.
Tres preguntas para el debate
¿Seguimos leyendo a Steinem, o su nombre se ha convertido ya en un sello decorativo que no pasamos por la prueba del texto? ¿Cuántas autoras —en nuestro circuito de talleres, ferias y catálogos editoriales— siguen chocando contra la misma sospecha que ella denunciaba en los años setenta, esa que dicta que sus temas "no son universales"? Y la más incómoda: ¿a qué edad seguimos permitiendo que nuestras lectoras escalen árboles antes de que el peso del canon les diga que ese juego no estaba previsto para ellas?