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Rutas Literarias

Ruta de Pardo Bazán en Madrid: fases para crear el recorrido

Situamos el punto de partida en el número 35 de la calle de San Bernardo, frente al portal donde Emilia Pardo Bazán vivió durante una parte decisiva de su trayectoria madrileña.

Ruta de Pardo Bazán en Madrid: fases para crear el recorrido

El recorrido que vamos a trazar está pensado para ocupar 120 minutos a pie: dos horas repartidas entre cinco y ocho paradas, nunca muchas más, si queremos que el grupo conserve el hilo narrativo y no convierta cada nueva placa en un dato aislado. El objetivo logístico es concreto: comprimir la vida madrileña de la condesa en un itinerario caminable que una residencia, instituciones, actividad intelectual y vida social sin obligar al visitante a tomar el metro entre parada y parada.

Esta guía de diseño sirve para quien tenga que armar una ruta literaria de Pardo Bazán en Madrid: un guía profesional, un docente que prepara una salida cultural o una asociación que quiere poner en valor el patrimonio pardobazaniano de la ciudad. No se trata de trasladar una biografía completa a la calle. Se trata de decidir qué episodios pueden sostenerse ante un portal, una fachada o una placa y cuáles conviene reservar para otra visita.

Antes de pisar el adoquinado de San Bernardo conviene tener presente la restricción que más cuesta respetar: entre cinco y ocho paradas por recorrido. Quien haya intentado meter diez, doce o catorce puntos en un mismo itinerario sabe que el grupo se desinfla, las preguntas se agotan y el siguiente nombre deja de significar algo. Por eso la metodología que sigue trabaja por capas: primero se acota el arco biográfico, después se seleccionan los hitos físicos, luego se curan los textos y, finalmente, se cierra la logística del guiado.

Más Madrid no es más ruta: cinco a ocho paradas bien hilvanadas valen por veinte datos sueltos en un mismo trayecto.

Fase 1: Delimitación temática e investigación documental del Madrid pardobazaniano

Aquí empieza el trabajo de mesa, el que no se ve pero sostiene todo el recorrido. Nosotras lo planteamos en tres bloques: biografía cruzada con cartografía madrileña, archivo hemerográfico y revisión de la correspondencia activa de la autora entre sus primeros contactos con la capital y los últimos años de su vida.

El primer movimiento consiste en abrir un plano de Madrid del último tercio del siglo XIX y situar los domicilios e instituciones que puedan confirmarse documentalmente. Tenemos tres anclajes especialmente útiles: la calle de San Bernardo 35 como vivienda principal entre 1890 y 1915, la calle de la Princesa 33 como último domicilio entre 1915 y 1921, y el Ateneo de Madrid, en la calle del Prado 21, donde Pardo Bazán ingresó como socia de pleno derecho el 9 de febrero de 1905. A estos tres ejes se pueden sumar la Universidad Central, en el entorno de la calle de San Bernardo, y la iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas, en la calle del Dos de Mayo, vinculada a algunos episodios de su relación con Benito Pérez Galdós.

No conviene convertir cada dato biográfico en una parada. La primera criba debe distinguir entre un lugar que permite explicar algo y un lugar que solo permite nombrarlo. Una dirección resulta especialmente productiva cuando cumple al menos una de estas condiciones:

  • conserva una fachada, un portal, una placa o una relación urbana reconocible;
  • permite explicar un cambio de etapa en la vida de la autora;
  • reúne varias líneas de su trabajo: escritura, docencia, conferencias, sociabilidad o conflicto intelectual;
  • ofrece un fragmento documental que pueda leerse allí sin necesidad de una larga explicación previa.

La cartografía también ayuda a detectar los falsos recorridos. Dos direcciones pueden parecer cercanas en el plano y resultar poco cómodas para un grupo que camina despacio, se detiene, cruza calles y necesita escuchar. El itinerario Pardo Bazán Madrid no debe dibujarse como una suma de puntos, sino como una secuencia de escenas. La pregunta no es solo dónde estuvo la autora, sino qué transición cuenta el trayecto entre un lugar y el siguiente.

El segundo movimiento del bloque documental es hemerográfico: localizar las reseñas de sus conferencias en el Ateneo, los ecos de sus polémicas sobre la educación de la mujer en las publicaciones de la época y la cobertura de su ingreso como socia en la prensa diaria de 1905. Este material ofrece fechas, títulos y marcos de discusión que después pueden traducirse en paradas de gran rendimiento narrativo. La prensa permite, además, evitar una visión doméstica o sentimental de Pardo Bazán: Madrid no fue únicamente el escenario de sus domicilios y relaciones personales, sino también el espacio donde defendió una posición pública como escritora, conferenciante y mujer dedicada a la vida intelectual.

El tercer movimiento es el archivo epistolar. La correspondencia con Galdós, con Francisco Giner de los Ríos, con Marcelino Menéndez Pelayo y con su propia familia puede aportar las direcciones, los desplazamientos y las preocupaciones concretas que no aparecen en una cronología convencional. Hay que utilizarla con cuidado. Una carta no convierte automáticamente una esquina en lugar de memoria, ni todo detalle privado debe trasladarse a un grupo. La función del epistolario es dar textura a una parada y ayudar a explicar qué estaba en juego en ella.

Cuando el público escucha un fragmento relacionado con el portal que tiene delante, deja de ver una placa y empieza a comprender una vida situada. Pero el texto debe estar documentado y la atribución ha de ser transparente. Si no se conserva una formulación literal comprobable, se resume el contenido o se explica en estilo indirecto. Una ruta literaria no necesita fingir una intimidad documental que no posee.

Fase 2: Selección y acotación espacial de 5 a 8 paradas esenciales

Con el plano lleno de anotaciones llega el momento más delicado: decidir qué cinco a ocho puntos entran en el recorrido final y cuáles se quedan en el cajón de «para otra ruta». La regla operativa es que cada parada cubra una función distinta —residencia, institución, vida social, formación o huella conmemorativa— y que dos lugares no compitan por el mismo tema.

Proponemos esta selección de base, pensada para construir un eje entre San Bernardo y la calle de la Princesa, con el Ateneo y el entorno de las Maravillas como desvíos que deben valorarse según el grupo y el tiempo disponible:

ParadaDirección o referencia actualFunción en la ruta
Residencia de San Bernardo 35Calle de San Bernardo, 35Hito residencial principal entre 1890 y 1915 y punto de entrada a su vida madrileña
Universidad CentralEntorno de la calle de San Bernardo y del antiguo ámbito universitarioHito académico y espacio para explicar su relación con la enseñanza superior
Ateneo de MadridCalle del Prado, 21Hito institucional: ingreso como socia de pleno derecho en 1905 y escenario de sus conferencias
Iglesia de las MaravillasCalle del Dos de Mayo, 11Hito biográfico relacionado con el entorno de sus encuentros con Galdós
Último domicilioCalle de la Princesa, 33Hito residencial final entre 1915 y 1921; se conserva la referencia conmemorativa, no el interior histórico
Monumento a Pardo BazánCuesta de la VegaHito conmemorativo y buen cierre para hablar de la memoria pública de la autora
Espacio de sociabilidad literariaSegún el recorrido elegido y la documentación disponibleParada complementaria para abordar cafés, teatros y tertulias sin inventar una localización única

La referencia del monumento debe figurar con precisión. No corresponde situarlo en una mezcla de la calle de Bailén y la cuesta de San Vicente: la localización que debe utilizar el guion es la Cuesta de la Vega. En una ruta guiada conviene comprobar sobre el terreno el acceso, el punto de reunión y la visibilidad de la escultura antes de incorporarla como última parada. El lugar puede funcionar muy bien para cerrar el recorrido porque desplaza la conversación desde la presencia de Pardo Bazán en el Madrid que habitó hasta la forma en que la ciudad decidió recordarla.

La acotación a cinco u ocho paradas se hace contando desde el momento en que el grupo se concentra hasta que se despide. Cada punto ha de absorber un fragmento manejable del guion —incluida la lectura del texto de apoyo, la explicación en pie de fachada y las preguntas del público— para que ni se sienta vacío ni rompa el ritmo del itinerario.

No todas las paradas tienen que pesar lo mismo. San Bernardo puede ocupar más tiempo que una placa; el Ateneo puede requerir una explicación institucional más larga; un monumento puede funcionar con una intervención breve si el cierre está bien elegido. Lo importante es que el visitante entienda por qué el grupo se ha detenido allí y qué cambia en la narración después de reanudar la marcha.

Cuando dos paradas compiten por el mismo tema, se gana la que tenga un anclaje físico más visible: portal, placa, fachada reconocible o cruce con otra calle nombrada en la biografía.

Los tres grandes hitos institucionales y residenciales: San Bernardo, Princesa y el Ateneo

Aunque todas las paradas tienen peso propio, la ruta se sostiene sobre tres columnas que conviene guionizar con especial cuidado: San Bernardo 35, el Ateneo y el último domicilio de la calle de la Princesa. Cada uno condensa un período distinto de la vida madrileña de Pardo Bazán y exige un enfoque de visita diferente.

San Bernardo 35: una residencia, no una escenografía intacta

San Bernardo 35 permite hablar de la etapa que va de 1890 a 1915, de su producción literaria y de las redes intelectuales y sociales que pasaban por su casa. El guía tiene que advertir al grupo de que el interior del edificio se ha transformado con el tiempo y de que el salón ya no se conserva tal como ella lo conoció. El portal y la fachada sirven para situar la escena, pero no autorizan a reconstruir con seguridad cada detalle doméstico.

La parada gana fuerza cuando se explica la casa como lugar de trabajo y de relación, no como decorado de una biografía sentimental. Allí pueden aparecer sus tertulias, sus conversaciones literarias y la forma en que una escritora con una presencia pública cada vez mayor organizaba su vida intelectual. Las alusiones a Galdós pueden formar parte del contexto, siempre que no absorban toda la explicación. Pardo Bazán no se reduce a su relación con él, y una ruta dedicada a su figura debe mantener visibles sus propios proyectos, discusiones y decisiones.

Aquí es donde conviene corregir una tentación frecuente de la curaduría textual. Los pazos de Ulloa se publicó en 1886, antes de la residencia de San Bernardo, que se inicia en 1890. Por tanto, no debe presentarse como una novela escrita durante esa etapa ni como un documento directo de la vida de la autora en el número 35. Puede utilizarse, si el enfoque lo justifica, como obra anterior que permite introducir una preocupación literaria o una línea de trabajo que después continúa en Madrid. La cronología debe quedar clara: es un texto relacionado con su trayectoria, no una página producida en esa casa.

Para esta parada suelen resultar más adecuados los fragmentos autobiográficos, los textos de crítica literaria y la correspondencia fechada ya en los años de residencia. También puede funcionar una explicación breve sobre la diferencia entre documento, obra de ficción y reconstrucción del guía. Esa distinción, lejos de enfriar la visita, ofrece al público una lectura más honesta.

El Ateneo: vida institucional y conflicto intelectual

El Ateneo es la parada institucional de mayor carga simbólica. El 9 de febrero de 1905 Pardo Bazán ingresó como socia de pleno derecho, después de haber impartido allí conferencias desde años antes. El dato interesa no solo por su valor cronológico, sino porque permite hablar de las barreras que una mujer encontraba al intentar ocupar un espacio de autoridad intelectual.

La visita debe evitar dos extremos: convertir el Ateneo en una simple casilla de la biografía o describirlo como si toda la trayectoria de la autora pudiera resumirse en una admisión institucional. El edificio permite articular varias capas: sus conferencias, la discusión sobre la novela europea, la educación de las mujeres y la legitimidad de una escritora que no quería limitarse a ser recibida como excepción.

Si la ruta coincide con un horario de apertura y las condiciones de acceso lo permiten, puede valorarse una entrada al edificio. Si no, la fachada y la referencia de la calle del Prado cumplen la función de anclaje exterior. No conviene prometer una visita interior que dependa de una autorización o de una actividad del día. En el guion, la alternativa debe estar prevista desde el principio.

El texto de apoyo puede ser un fragmento documentado de una conferencia, una reseña de prensa o una explicación contextualizada de su ingreso. Si se utiliza correspondencia, hay que indicar su fecha y naturaleza. La voz de la autora debe aparecer como voz documentada, no como una recreación puesta en su boca.

Princesa 33: el último domicilio y los límites de la reconstrucción

El último domicilio de la calle de la Princesa requiere un tratamiento especialmente cuidadoso. Pardo Bazán vivió allí desde 1915 hasta 1921 y murió en mayo de ese último año. El edificio original no se conserva como espacio visitable en las condiciones de una casa-museo, de modo que el guía debe explicar con claridad qué puede ver el grupo y qué pertenece a la reconstrucción histórica.

La placa o referencia conmemorativa convierte el número 33 en una parada válida, pero no permite describir el interior como si hubiera quedado congelado. Esa honestidad es parte del contenido. El visitante no necesita que se le prometa una habitación intacta: necesita saber por qué esa dirección importa y cómo encaja en la última etapa de la autora.

El cierre documental puede construirse con sus últimos textos, cartas y noticias de esos años, siempre que cada pieza esté correctamente fechada y atribuida. No hay que añadir un supuesto texto de Galdós de 1921: Benito Pérez Galdós murió en 1920, por lo que no pudo firmar un documento en 1921. Si se quiere mantener la presencia de Galdós en este tramo de la visita, debe hacerse mediante materiales anteriores y claramente fechados, no mediante una atribución imposible. Para hablar de los últimos meses de Pardo Bazán son más apropiadas sus propias cartas, artículos, textos de crítica o documentos contemporáneos que permitan seguir su actividad hasta el final.

Esta parada también ofrece una ocasión para hablar de la diferencia entre la continuidad de una obra y la desaparición de los lugares que la autora habitó. El patrimonio literario no siempre se presenta como una habitación conservada. A veces es una dirección, una placa y una cadena de documentos que obliga al visitante a imaginar con prudencia.

Fase 3: Curaduría de textos de apoyo y correspondencia de la autora

La ruta funciona solo si a cada parada llega un texto preciso, breve y bien relacionado con el lugar. El criterio que aplicamos es el de una lectura manejable por parada, no necesariamente una página completa. El grupo puede recibir un dossier al inicio, pero el guía no está obligado a leerlo entero: selecciona el fragmento que mejor responde a la escena y conserva el resto como material de apoyo.

Para San Bernardo 35 recomendamos alternar tres tipos de documento: un fragmento de la obra literaria que permita introducir una línea temática, un texto autobiográfico o crítico vinculado a los años de residencia y un extracto del epistolario de la autora. Si se utiliza Los pazos de Ulloa, debe presentarse como una obra publicada en 1886, anterior a la etapa de San Bernardo, y no como una página escrita allí. Esa precisión cronológica cambia el sentido de la lectura: ya no se fuerza una relación biográfica que no existe, sino que se observa la continuidad o la transformación de una preocupación literaria.

El Ateneo admite un tratamiento más público. La lectura más rendidora puede ser un fragmento documentado de una conferencia, una reseña de prensa sobre sus intervenciones o un texto relacionado con su ingreso como socia. La clave es que el documento ayude a escuchar la dimensión intelectual de la autora. No hace falta acumular títulos ni reproducir una clase de historia del Ateneo. Basta con que el visitante comprenda qué significaba para ella entrar en ese espacio y qué debates llevaba consigo.

Para la iglesia de las Maravillas, la pieza de apoyo puede proceder de la correspondencia entre Galdós y Pardo Bazán, siempre que el fragmento esté comprobado y se explique su alcance. La parada no debe convertirse en una escena novelada. El guía puede hablar del entorno de sus encuentros y de la relación entre ambos, pero debe diferenciar los datos documentados de las interpretaciones posteriores.

En la calle de la Princesa, el cierre puede apoyarse en sus últimas cartas y en textos de los años finales de su vida. La fecha es aquí tan importante como el contenido. No se debe utilizar ninguna atribución imposible a Galdós en 1921: su muerte en 1920 obliga a cerrar ese hilo antes y a recurrir, para el último domicilio, a documentos producidos por Pardo Bazán o por contemporáneos que escribieron sobre ella en ese momento.

Para el monumento de la Cuesta de la Vega basta con un texto breve sobre su instalación y su función conmemorativa, acompañado por una lectura de la presencia pública de la autora en la memoria posterior. La escultura no necesita una descripción interminable. Conviene dejar espacio para que el grupo observe qué imagen de Pardo Bazán se ha fijado en el espacio urbano y qué aspectos de su trayectoria quedan fuera de esa representación.

El riesgo que queremos evitar es la sobrecarga académica: nada de largas exposiciones sin anclaje físico, nada de citas en cadena que conviertan la ruta en una conferencia al aire libre. Cada texto se ata a una esquina, una fachada o una placa. Si la lectura dura demasiado en voz alta, hay que podarla. El visitante está de pie, con el cuello girado hacia arriba y pendiente del tránsito de la calle; el oído se cansa antes que el ojo.

Una secuencia útil para cada parada es sencilla:

1. nombrar el lugar y explicar por qué entra en el recorrido;

2. aportar el dato biográfico imprescindible, sin abrir todavía todos los paréntesis;

3. leer o resumir el documento elegido;

4. devolver la atención a la fachada, la calle o la placa;

5. enlazar con la siguiente etapa.

Así el documento no queda suspendido en el aire. La lectura vuelve siempre al Madrid que el grupo está pisando.

Fase 4: Logística del guiado, ritmo narrativo y gestión del grupo en 120 minutos

Cerramos la planificación con el cálculo de tiempos, que es donde se decide si una ruta funciona o se viene abajo. En dos horas hay que reservar un margen para recibir al grupo, explicar las reglas básicas, caminar entre paradas, responder preguntas y cerrar la visita sin precipitación. La distribución no debe entenderse como una fórmula rígida, pero sí como una defensa contra el exceso de contenido.

Una organización razonable puede reservar unos minutos iniciales para situar el recorrido, una parte amplia para las cinco u ocho paradas y un tramo final para recoger la última idea y despedir al grupo. Las transiciones cuentan. No son tiempo perdido: permiten que una explicación termine, que el grupo se reorganice y que el guía cambie de registro antes de llegar al siguiente punto.

También hay que prever imprevistos. Una manifestación puede cortar la calle del Prado; una actividad del Ateneo puede impedir el acceso; una celebración religiosa puede dificultar la parada en el entorno de las Maravillas; una fachada puede estar tapada por una obra o por un vehículo. El recorrido debe tener una versión corta y una alternativa para cada punto sensible. Diseñar una ruta no consiste en confiar en que Madrid permanecerá quieto durante dos horas.

El tamaño del grupo modifica por completo la experiencia. Con muchas personas, una parada aparentemente sencilla exige más tiempo para cruzar, colocarse y garantizar que todo el mundo oye. Si el número crece demasiado, conviene dividir el grupo o contar con dos guías coordinados: uno abre la marcha y otro cierra la fila. El criterio no debe ser únicamente económico. También es una cuestión de escucha, seguridad y respeto por los portales y aceras de los vecinos.

Materiales de apoyo que nosotras llevamos a una ruta de estas características:

  • un plano plegable de Madrid centro con los puntos marcados, útil para explicar las relaciones entre las direcciones sin depender de la pantalla del móvil;
  • una carpeta con las páginas de lectura protegidas, por si cambia el tiempo;
  • reproducciones de placas, titulares o documentos que puedan enseñarse sin bloquear la acera;
  • un cuaderno para anotar las preguntas que se escapan del guion y revisar la ruta después de cada salida;
  • una versión abreviada del recorrido, por si el ritmo del grupo obliga a renunciar a una parada secundaria;
  • agua y material básico para el guía, que suele hablar más de lo que había calculado.

La música puede utilizarse con mucha moderación. Un chotis, un cuplé o un fragmento de zarzuela pueden ayudar a introducir el ambiente urbano de una época, pero no deben convertirse en una banda sonora permanente. Entre una parada y otra también es útil dejar silencio. El grupo necesita procesar lo que acaba de escuchar y orientarse en la ciudad real, que no es un decorado diseñado para la visita.

Sobre los horarios, la franja más cómoda dependerá de la apertura de los espacios, del tránsito y de la estación del año. La mañana puede favorecer la atención y la circulación por algunas calles, pero no conviene presentar una hora única como solución universal. Hay que comprobar la actividad del Ateneo, el calendario de la iglesia, las condiciones de acceso y la disponibilidad del grupo antes de cerrar la convocatoria.

Para llegar al punto de partida, la indicación prudente es utilizar la estación de metro de San Bernardo, situada en el propio eje de la calle, y completar a pie el tramo necesario hasta el número 35. También pueden servir otras estaciones del centro según el origen del grupo, pero no conviene afirmar que Sevilla queda a unos minutos de ese portal: no es una referencia próxima y limpia para ese comienzo. Gran Vía tampoco debe presentarse como una llegada inmediata. En una comunicación para visitantes es preferible decir que el punto de encuentro se alcanza caminando desde las estaciones del entorno y enviar después un mapa concreto con el recorrido actualizado.

La despedida puede fijarse en la calle de la Princesa si se mantiene el eje residencial, o en la Cuesta de la Vega si el monumento funciona como cierre conmemorativo. En ambos casos hay que explicar con antelación dónde termina la actividad y qué transportes quedan cerca, sin convertir esa última indicación en una promesa de trayecto exacto que dependa de obras, accesos o cambios en la red.

Una ruta literaria no se mide en metros, se mide en silencios: el que se produce cuando el visitante reconoce el portal que la autora cruzaba cada tarde.

Por qué importa quedarse con cinco paradas bien dadas

Una ruta de Pardo Bazán por Madrid no se gana por la cantidad de nombres que se amontonan en dos horas, sino por la precisión con la que cada nombre queda atado a una dirección reconocible. Quien diseñe el recorrido debe asumir que entre cinco y ocho paradas es el techo real del itinerario viable, que cada punto necesita un texto de apoyo proporcionado, que los hitos residenciales deben dialogar con los institucionales y que la honestidad con el visitante distingue un proyecto profesional de una visita improvisada.

San Bernardo 35 permite contar una etapa de trabajo y sociabilidad sin fingir que el interior permanece intacto. El Ateneo abre la dimensión pública e intelectual de la autora. La calle de la Princesa sitúa sus últimos años sin inventar una casa-museo donde no la hay. La Cuesta de la Vega, correctamente localizada, ofrece una salida hacia la memoria conmemorativa. Entre unos lugares y otros aparece una escritora que no cabe en una sola relación, una sola institución ni una sola imagen de placa.

También conviene aceptar que no todo debe resolverse en un único itinerario. Madrid conserva más patrimonio pardobazaniano del que puede sostener una visita de 120 minutos. El eje central entre San Bernardo y la Princesa puede complementarse con una segunda ruta dedicada a sus conferencias y espacios de discusión, y con otra centrada en cafés, teatros y lugares de sociabilidad, siempre que cada nueva parada tenga respaldo documental y una localización comprobable.

La buena ruta no es la que lo cuenta todo. Es la que sabe qué dejar fuera para que lo que permanece en el recorrido llegue entero al visitante. En el caso de Pardo Bazán, eso significa caminar entre domicilios, instituciones y huellas públicas sin confundir la reconstrucción con el documento, sin forzar las fechas y sin convertir la ciudad en una simple lista de direcciones. Madrid aparece entonces como un archivo abierto: no siempre conserva las habitaciones, pero todavía permite seguir las líneas de una vida intelectual a través de sus calles.

Preguntas frecuentes

¿Dónde empieza la ruta de Pardo Bazán en Madrid?
La ruta comienza frente al número 35 de la calle de San Bernardo, donde Emilia Pardo Bazán vivió entre 1890 y 1915.
¿Cuánto dura la ruta de Pardo Bazán y cuántas paradas incluye?
Está pensada para durar 120 minutos a pie e incluir entre cinco y ocho paradas.
¿Qué lugares principales forman la ruta de Pardo Bazán en Madrid?
Los principales hitos son la residencia de San Bernardo 35, el Ateneo de Madrid en la calle del Prado 21 y el último domicilio de la calle de la Princesa 33. También pueden incorporarse la Universidad Central, la iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas y el monumento de la Cuesta de la Vega.
¿Cuándo ingresó Emilia Pardo Bazán en el Ateneo de Madrid?
Ingresó como socia de pleno derecho el 9 de febrero de 1905, después de haber impartido allí conferencias durante años.
¿Dónde estaba el último domicilio de Emilia Pardo Bazán en Madrid?
Su último domicilio estaba en el número 33 de la calle de la Princesa, donde vivió entre 1915 y 1921. El edificio no se conserva como un espacio visitable en las condiciones de una casa-museo, por lo que la ruta utiliza la placa o referencia conmemorativa.