Back to the Book: el fenómeno de la edición independiente que llena Matadero Madrid
"Cuenta El Mundo que Giuseppe Grosso, antes de la primera edición de Back to the Book, tenía dos pesadillas: la Selectividad y "que estrenamos el festival, abrimos la puerta y no viene nadie".

El primer festival independiente de literatura y edición de España, organizado por él junto a Sara Maroto y Alfonso Zuriaga, arrancó en Matadero Madrid con "poquita financiación y mucho trabajo" y, tres ediciones después, congrega a 138 editoriales —con otras tantas fuera "con todo dolor de corazón"— repartidas en cuatro naves y 1.800 metros cuadrados, casi el doble que el año anterior. "Nuestro lema podría ser 'hacer de la necesidad virtud'", resume Giuseppe.
El contexto material que el canon prefiere no ver
Las ferias literarias suelen contarse desde el lado de los consagrados: premios, traducciones, ferias institucionales con presupuesto. Back to the Book, según El Mundo, se cuenta desde el otro extremo: el de quienes lo levantan "100% made in Arganzuela", mimando la puesta en escena con los mismos proveedores que montan andamios para obras y reformas. La escena cultural española arrastra, en palabras de Alfonso Zuriaga, "un mundo cultural complicado, precario, con muchas dificultades que conocemos de primera mano", y aun así han sumado un patrocinador que llegó sin tantearlo, junto a un apoyo institucional, aunque limitado. Hacen de la necesidad virtud con una guasa que también es diagnóstico: un ecosistema que sigue funcionando a base de voluntariedad es, técnicamente, un sistema con la letra pendiente.
El cartel como declaración de intenciones
Que el cartel parezca "el de un festival de música" —Julieta Venegas, Paco Roca, Jon Bilbao, Brenda Navarro, Sara Torres, Marta Sanz, Mónica Ojeda, Irene Cuevas, Lucía Solla Sobral, además de los coreanos Choi Jin-young y Cheon Myeong-kwan, expresamente invitados desde Corea del Sur— no es un accidente. Cruzar literatura con música, presentaciones con cerveza del Dott Café Bar del barrio, firmas con conversaciones convierte la visita en un ritual compartido. La literatura, en esta lógica, deja de ser el rito solemne de la conferencia académica para volverse experiencia vecinal. Es una forma de resistencia cultural: si el canon institucional se cierra, se abre un patio.
Qué observar en esta edición
Conviene seguir tres marcadores en las próximas semanas. Primero, cómo gestiona la organización el salto de dos a cuatro naves en Matadero sin que la curaduría pierda el aire fresco que, según El Mundo, distingue al proyecto. Segundo, si la presencia de autores internacionales —los coreanos de esta edición, sumados a la propia Mariana Enríquez en la anterior, conseguida gracias a su gira europea— consolida al festival como plataforma de exportación cultural o se queda en anécdota puntual. Tercero, si el modelo de patrocinio conseguido en 2026 aguanta la prueba de profesionalización o vuelve a depender del voluntarismo de tres personas que, según sus propias palabras, "empiezan desde febrero" a preparar cada cita.
Tres preguntas para el debate:
¿Por qué un festival nacido de la precariedad desborda mientras ferias institucionales se vacían? ¿Qué dice de nuestro sesgo lector que prefiramos hacer cola por literatura independiente antes que recorrer los circuitos consagrados? ¿Es Back to the Book la excepción que confirma la regla del ecosistema cultural español, o un modelo replicable que debería tomar nota lo público?